jueves, marzo 27, 2008

Estoy trabajando a una hora de Guadalajara, entre los distintos autobuses que tomo me cobran entre 25.00 y 35.00 pesos dependiendo de la línea, además me cuesta 5 pesos adicionales llegar a la terminal; por tal motivo tengo que traer entre 60 y 80 pesos diarios.

Normalmente solo tomaría los camiones de ida por que de regreso me vengo de aventón con un compañero; lamentablemente para mi el esta de vacaciones ahora y mi gasto de dobletea.

Hoy traigo mi dinero muy justo, tan justo que la mientras venia caminando rumbo a mi escritorio de trabajo sabia que tendría que pasar frente a la maquina de golosinas – ya casi por habito me compro unas canelitas- mi mente me decía que quería saborear la masa de la galleta deshacerse en la boca sabor a azúcar con canela acompañado de café – no pretendo antojarles, simplemente es el efecto de la comida saturada de carbohidratos que por muy asquerosa que sea, si somos adictos a ello, no podemos dejarle.

Contaba las monedas con el tacto de mis dedos dentro de la bolsa de mi pantalón, el lado izquierdo de mi cerebro me decía, - wey solo traes 36.50 pesos, no tienes idea de con quien te regresaras y ello apenas ajusta para pagar el pasaje de regreso a casa. Pero la ansiedad de ingerir carbohidratos puso a mi cerebro lado derecho a maquilar una pronta solución. Ok! Las canelitas cuestan 4pesos, de ahí me sobran 32.50 pesos; por la tarde me espero a tomar el autobús económico, ese que apesta en el cual no me puedo recargar por sentir asco por el simple hecho de imaginar que mi cabello roce el respaldo lleno de mugre, grasa y piojos de otras personas que se hayan sentado ahí y luego el otro camión de 5 pesos que me llevara hasta algunas cuadras de la casa y aun así me sobraran 2.5 pesos.

Sentí una leve mueca de felicidad en mi rostro, deposito la moneda de cinco, oprimo el numero 66 correspondiente a las canelitas, veo rotar el mecanismo que empujara mis galletas, escucho caer mi cambio, tomo mi peso y me lo guardo en el bolcillo y veo como mis galletas quedan ahí atoradas en el espiral mecánico que ha dejado de moverse. PUTOS CARBOHIDRATOS LOS ODIOOOOOOO!!!! Quiero mis galletas!! – hay gente a mi alrededor y no puedo ni golpear la maquina (ósea?, ponerse como loca por cuatro pesos? Jelou!! Eres Ingeniero de Proyectos, has de ganar los miles de pesos!!?? … pero noooooo!!!,)

Termino mi camino a mi escritorio, con un sabor amargo en la boca y un coraje que no se me quitara en un buen rato….

Pudiera pedir prestados 1.5 pesos para completar otras canelitas.
– Oye Toño, de casualidad no tendrás un peso con cincuenta que me prestes, es que fíjate que solo traigo billetes de 200 y no los acepta la maquina y traigo antojo de unas galletitas?, mañana te los pago sin falta.
- uuuuuuuuuuy fijate lolita que no traigo cambio tampoco, puros de 500 nomas, pero ve al oxxo aquí a la vuelta.


No, ese plan pudiera terminar en un momento muy bochornoso. Además quien pide pesitos, ni que estuviera en la primaria.

5 comentarios:

Tejuinera dijo...

NO MAMES!! que oso!

Ay mija, esos solo son pequeños sacrificios que estas haciendo para comprarme mi compu nueva.

Yo te lo agradecere en su momento.

Tejuinera dijo...

Ya en serio. Esta semana ha estado asi o mas apretada pero ya vendran dias mejores.

No se, deberiamos aprender que TIRAR la comida es igual a TIRAR el dinero y hacer un plan maestro sobre presupuestos y esas cosas.

Nos iria mucho mejor.

paulinita dijo...

oh pinches galletas! odio cuando pasa eso :P pero yo sí soy bien pediche en el trabajo, diario me andan prestando dinero :$ ya sabes, diseñadora web con sueldo de secretaria...

fhercho dijo...

mmmmm, cuanta gente habia al rededor de la maquina? no habia alguien con cara de traer 1.50 con tal de hacerle la barba a la jefa de proyectos, chance y hasta un cafe o un refresco te invitaban, o hasta te daban raite, chancee.... ya pues, saludos lolita

lolita dijo...

Si hay algo que me da harta mena es pedir dinero ... no se ... se me hace algo como muy basico de que todos debemos de traer un poco aunque sea...


besos a mis tres lectores